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Agosto, 2001.
Orígenes
La palabra
Cuatro millones de años antes de que tú pudieras navegar por Internet, ubica la ciencia el origen de los primeros homínidos. Por su parte, el homo sapiens sapiens —es decir, nosotros— surgió de la cadena evolutiva hace tan sólo unos 45 mil años, somos bastante jóvenes aún.

Durante el Paleolítico —que se inició hace unos 2.5 millones de años, y que concluyó hace apenas unos 10 mil años— nuestros congéneres andaban a salto de mata, luchando por sobrevivir y vencer a la naturaleza que los atacaba de muchas maneras: con hambre, frío, calor excesivo, etcétera. El desarrollo tecnológico durante este periodo —algo así como el 99 por ciento de la existencia del ser humano en la Tierra— se reducía a piedras, palos y huesos.

El fin del Paleolítico lo marcó, precisamente, el primer gran salto tecnológico que dió la humanidad: la conquista del fuego. Cuando nuestros antepasados pudieron producir llamas y, sobre todo, controlarlas, surgió la hoguera, y con ella, el hogar, sitio donde por fin nuestros antepasados pudieron descansar y convivir seguros; ya podían protegerse de las bestias, a las cuales ahora podían incluso, comerse cocinadas.

Tecnológicamente hablando, hasta el ocaso de la era paleolítica, nuestros congéneres casi no tenían nada que decir…, sin embargo, sí podían hablar, comunicarse por medio de la palabra, utilizando para ello algunos elementos de su cuerpo que en principio no tenían esa función, como los dientes, el paladar, la lengua, los pulmones, es decir, todos los componentes del llamado sistema fonador.

El lenguaje es consustancial al ser humano; es importante hacer esta aclaración, porque en el origen de todo lo que veremos más adelante está la palabra hablada. Esta posibilidad del hombre para decir a otros lo que quiere, siente y piensa, es la herramienta más antigua con que cuenta no sólo para comunicarse — transmitir información—, sino también para pensar —almacenar y organizar información—. Pensamos y nos expresamos con palabras. Al dominar la palabra hablada, el hombre hizo real el circuito básico de la comunicación: un emisor que envía un mensaje a un receptor, a través de un medio, utilizando un código y un referente determinados de antemano.

El emisor es el que envía el mensaje; el receptor, el que lo recibe; el mensaje es lo que queremos transmitir y el medio es el elemento a través del cual se manda el mensaje; por ejemplo, el periódico, el teléfono o la computadora ante la cual estás ahora. El código, por su parte, es un sistema establecido por el emisor y el receptor para poder entenderse y el referente es el concepto a lo que se está haciendo alusión.

El cuerpo
Al igual que el lenguaje, el pensamiento matemático surgió también en los albores de la humanidad. El ser humano sintió la necesidad de contar: el tiempo transcurrido, los niños a los cuales había que alimentar y la aportación que hacía cada miembro del clan para las ollas comunes, entre otras muchas cosas más. Pero, ¿cómo contar sin números?

El cuerpo humano, sobre todo ambas extremidades, fueron el primer instrumento que empleó la humanidad como apoyo para recordar y contar. Pulgar, índice, medio, anular y meñique pueden considerarse los primeros apoyos de los que se valieron hombres y mujeres de la antigüedad para contar y constituyen, por tanto, la noción más elemental de la aritmética, anterior, incluso, a la noción de número.

El número uno, por ejemplo, es una abstracción que no se refiere necesariamente ni a piedras ni a manzanas y en esa época no se podía aún elaborar conceptos abstractos, sin embargo, cuando un cavernícola extendía todos los dedos de una de sus manos para responder a la pregunta "¿cuántos frutos viste en aquel árbol?", era capaz de transmitir información precisa al respecto y sin que requiriera de efectuar alguna cuenta o que mediara entre ellos las palabras que específicamente se refirieran al número cinco; por ello, es muy probable que los dedos de las manos y de los pies hayan sido el origen de los sistemas numéricos quinario, decimal y vigesimal: es decir, podía contar cinco, diez o veinte.

Por otra parte, resulta claro, pensar también que el mismo cuerpo humano permitió realizar las primeras comunicaciones a distancia: los corredores - que de propia voz transmitían mensajes entre las diversas comunidades - eran las mejores cartas que tenían los hombres primitivos para hacer llegar a otros la información que ellos poseían o que habían recolectado. Tal vez de aquellas épocas los hombres con habilidades motoras fueron empleados para cumplir con esta labor y, así, comenzó a gestarse la división social del trabajo.

Resumen
La palabra
Cuatro millones de años antes de que tú pudieras navegar por Internet, ubica la ciencia el origen de los primeros homínidos. Por su parte, el homo sapiens sapiens surgió de la cadena evolutiva hace tan sólo unos 45 mil años.

Durante el Paleolítico, el desarrollo tecnológico se redujo a piedras, palos y huesos. El fin del Paleolítico lo marcó, precisamente, el primer gran salto tecnológico que dio la humanidad: la conquista del fuego. Cuando nuestros antepasados pudieron producir llamas y, sobre todo, controlarlas, surgió la hoguera, y con ella el hogar, el sitio en donde por fin pudieron descansar y convivir seguros; ya podían protegerse de las bestias, a las cuales ahora podían incluso comerse cocinadas.

Tecnológicamente hablando, hasta el ocaso de la era paleolítica, nuestros congéneres casi no tenían nada que decir…, sin embargo, sí podían hablar y comunicarse por medio de la palabra.

El lenguaje es consustancial al ser humano; es importante hacer esta aclaración, porque en el origen de todo lo que veremos más adelante está la palabra hablada. Esta posibilidad del hombre para decir a otros lo que quiere, es la herramienta más antigua con que cuenta no sólo para comunicarse — transmitir información—, sino también para pensar —almacenar y organizar información—. Pensamos y nos expresamos con palabras.

Al dominar la palabra hablada, el hombre hizo real el circuito básico de la comunicación: emisor, receptor, mensaje, medio, código y referente.

El cuerpo
Al igual que el lenguaje, el pensamiento matemático surgió también en los albores de la humanidad. El Hombre sintió la necesidad de contar. El cuerpo humano, sobre todo ambas extremidades, fueron el primer instrumento que empleó la humanidad como apoyo para recordar y contar. Pulgar, índice, medio, anular y meñique, pueden considerarse los primeros apoyos de los que se valieron hombres y mujeres de la antigüedad para contar y constituyen, por tanto, la noción más elemental de la aritmética, anterior incluso a la noción de número.

Es muy probable que los dedos de las manos y de los pies hayan sido el origen de los sistemas numéricos quinario, decimal y vigesimal: es decir, el Hombre podía contar cinco, diez o veinte.


Bibliografía

1.- Zaid, Gabriel. Los demaciados libros. Océano. México, 1996. pp. 19-21

2.- DAN, Lacy. La lectura en la era audiovisual y electrónica. Biblioteca de México No. 21. México, 1994. p. 9 ss.

3.- Negroponte, Nicholas. Ser digital. México, 1996. Océano. pp. 108-109

Bibliografía digital

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http://www.applehistory.com/history.html

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