Dr. Dionisio M. Tun Molina
dionisio.tun@satmex.com
Director Ejecutivo de Ingeniería y Operación Satelital
Ing. Pier Beaujean
pier.beaujean@satmex.com
Gerente de Control Satelital
Satélites Mexicanos S.A. de C.V.
Noviembre, 2006.
En
1968, México entró a la era satelital, y millones de televidentes
presenciaron las Olimpiadas que se celebraban en nuestro país.
Lo anterior, fue posible a través del satélite ATS-3 -propiedad
de la NASA y rentado por INTELSAT (organismo público internacional
del que México es miembro) y los entonces responsables de las telecomunicaciones
en el territorio nacional: la Red Federal de Microondas, la Estación
Terrestre para Comunicaciones Espaciales de Tulancingo (que sigue funcionando
para enlaces con Europa) y la Torre Central de Telecomunicaciones de la
Ciudad de México.
En octubre de 1982, con el fin de unificar las zonas rurales y urbanas
de la nación -y como respaldo a la Red Federal de Microondas, la
cual ya operaba a su máxima capacidad-, el gobierno mexicano, a
través de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes,
tomó la decisión de adquirir su primer sistema de satélites:
el Sistema Morelos, constituido por los satélites Morelos
1 y 2 y el centro de control satelital ubicado en Iztapalapa,
D.F. El costo del sistema Morelos fue de 92 millones de dólares.
El primero de estos satélites fue colocado en órbita en
junio de 1985, por el transbordador Discovery de la NASA. En noviembre
del mismo año fue lanzado el Morelos 2. Este es recordado porque
en el transbordador Atlantis, que lo puso en órbita, viajó
como miembro de la tripulación el doctor Rodolfo Neri Vela, primer
mexicano en el espacio.
En
ambos casos, se trataba de un satélite modelo HS 376, que era el
más comercial de la época, con una forma cilíndrica,
una longitud de 6.62 m (desplegado) y un peso de 645.5 kilogramos en órbita
geoestacionaria.
Pero, ¿por qué se ordenaron dos? Simplemente, por seguridad
y respaldo, para garantizar el servicio. Aun cuando los satélites
se diseñan, integran y prueban para soportar el riguroso ambiente
espacial y el del lanzamiento, siempre existe un riesgo, aunque muy pequeño.
Dada la necesidad de comunicación y los altos costos de inversión,
es necesario asegurar el éxito de los programas satelitales.
Basta saber que para poder escapar de la gravedad terrestre y desplazar
un peso de más de 500 toneladas de un vehículo lanzador
actual, de las cuales el 90% corresponde a combustible, 9% a la estructura
y componentes y el 1% a la carga útil, los cohetes deben alcanzar
una velocidad mínima cercana a los 10.5 km/s, lo cual significa
un riesgo para la operatividad (buen funcionamiento) de los satélites.
Adicionalmente, los satélites en órbita, soportan temperaturas
extremas (que oscilan entre -200º C y 180º C) y su órbita
es perturbada entre otras cosas por la presión de radiación
solar. Así mismo, siempre están expuestos a impactos de
micro partículas que están viajando a alta velocidad (micrometeoritos).
El satélite Morelos 2 tenía una vida de
diseño de nueve años, o sea, hasta 1994; sin embargo, gracias
a una estrategia de minimizar las correcciones de su órbita, se
logró alargar su vida útil hasta el año 2004.
En Junio de 2004 con lo último que le quedaba de combustible,
el Morelos 2 fue sacado de la orbita geoestacionaria y enviado a una orbita
de desecho donde recibió comandos para apagar todos sus sistemas
y quedar de esta manera completamente desactivado.
Al quedar en desuso, los satélites de Satmex que son geoestacionarios
y operan en una órbita alta (36 000 km de altura) son alejados
un poco de ésta, a fin de que su posición orbital quede
liberada y pueda ser ocupada por el nuevo satélite.
Cabe señalar que también existen satélites que están
en órbitas bajas (1 000 km o menos). Éstos se eliminan al
ser empujados hacia la Tierra, donde se desintegran por la fricción
con la atmósfera, en un procedimiento controlado, de tal manera
que si hubiera trozos de material, éstos caerían en zonas
donde no representen riesgo a personas o propiedades.
Y
hablando de posiciones en la órbita geoestacionaria, es importante
mencionar que la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT)
es quien las administra a nivel mundial. Los derechos para obtener dichas
posiciones orbitales no tienen un costo. Sólo se pide al solicitante
que compruebe que el satélite para el cual gestiona la órbita
ya esté en construcción. México cuenta con las posiciones
orbitales 113, 114.9 y 116.8, para servicios fijos por satélite.
México también ha solicitado a la UIT otras posiciones orbitales
para servicios fijos y otras de radiodifusión Directa (DBS).
Los
satélites del Sistema Morelos brindaron servicios de comunicaciones
de televisión, telefonía y datos hacia y desde cualquier
punto de la República Mexicana. Cada uno tenía una capacidad
de manejar el equivalente a 36 canales de televisión, con cerca
de 1 300 Mhz de ancho de banda utilizable.