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Los métodos de grabación se dividen en dos grandes campos:
el histórico o análogo y el
computarizado o digital.
Para
entender estos términos de una manera más sencilla, utilicemos
el ejemplo de los relojes: aquellos en los que las horas son señaladas
mediante manecillas son análogos; ya que sus agujas van barriendo
físicamente todos los puntos en lo que se le llama, precisamente,
un barrido análogo.
En cambio, un reloj de cuarzo, por ejemplo, marca el uno, después
el dos y luego salta al tres sin pasar por los puntos intermedios. Cada
uno de esos números enteros es un punto que contiene toda la información
necesaria para darnos la hora.
Si este ejemplo lo transportamos a una cinta y lo aplicamos a un proceso
de grabación, veremos que las cabezas de grabación analógicas
van barriendo toda la superficie de la cinta. En un proceso de grabación
digital, en cambio, se van registrando puntos de información claves,
sin pasar por todo el recorrido.
Mientras los métodos análogos de grabación
recurren a una cinta magnética a la cual barren completamente dejando
a su paso una huella electromagnética que puede traducirse luego
en sonidos, los métodos digitales pueden utilizar diversos soportes,
desde cintas hasta CD al igual que el mismo disco duro de una computadora.
Su característica esencial es dejar pulsos de información
impresos que cifran en el lenguaje de las computadoras (números
binarios), el sonido que después va a ser leído a
través del mismo sistema para poder escucharse nuevamente. Los
sistemas normales de grabación digital graban en cada segundo unos
44 mil pulsos de información.

La consecuencia más directa y evidente de los métodos digitales
es el control exhaustivo que permite aislar, en cada pulso, una cantidad
determinada de información para el análisis minucioso de
cada dato que es traducido en gráfico o en dibujo, donde el sonido
aparece claramente representado a fin de que pueda ser modificado a voluntad.
Otra de las características del sonido digital es la ausencia
total de ese ruido que, en mayor o menor medida, afecta a las grabaciones
análogas, conocido habitualmente como gis.
Vamos a reseñar ahora los aportes fundamentales de la informática
en los estudios de grabación, dentro de las tres grandes actividades
que allí se realizan: grabación, mezcla y
masterización.
Debemos tener en cuenta que, ya sea por métodos análogos
o digitales, la grabación en estudio se efectúa generalmente
mezclando las pistas grabadas de cada uno de los instrumentos, que generalmente
se interpretan en forma sucesiva, con el fin de verificar la ejecución
y calidad sonora, así como para identificar y corregir más
fácilmente los errores.

El sonido puede ser captado a través de un micrófono y
ser sometido a un proceso que lo convierta en información binaria,
obteniendo así una serie de nuevas posibilidades.
- En primer lugar, permite visualizar en una pantalla cada sonido con
sus componentes: timbre, duración y altura, a fin de controlarlo
con precisión. Esto es lo que se conoce como grabación
no lineal. Así, los sonidos son representados, por ejemplo, en
una canción completa, siendo posible abordar cualquier punto
de ésta, sin necesidad de recorrer una cinta para encontrar justo
el lugar que se quiere tratar, como sucedía en las grabaciones
análogas.

- En segundo lugar está el hecho de que no existe ruido o gis,
gracias a lo cual hoy se puede grabar con mucho volumen, una práctica
que en las grabaciones análogas aumentaba también el volumen
del gis. Un volumen más alto de grabación puede capturar
sonidos muy sutiles, que con los niveles de grabación históricos
pasarían desapercibidos.
La eliminación de todos los ruidos ajenos a la grabación
mediante procesos de manipulación digital, resulta útil
para los pequeños estudios que ya no requieren de un aislamiento
acústico total como antaño. Esta es una de las razones
por las que ahora es menos costoso montar un estudio.
- En tercer lugar, la música puede registrarse digitalmente como
mera información gracias a otro de los grandes aportes de la
informática, el sistema denominado MIDI, (Musical Instrument
Digital Interface, que en español se traduce como Interfaz
Digital para Instrumentos Musicales) y una computadora que veremos a
continuación.

La MIDI (Musical Instrument Digital Interface, Interfaz Digital
para Instrumentos Musicales) es una herramienta poderosa tanto para composición
como para enseñanza de la música; consiste de un protocolo
de comunicaciones que permite conectar diversos instrumentos musicales
entre sí o con computadoras y hacerlos trabajar en conjunto.
Usualmente
se dispone de un controlador que puede ser un teclado o las cuerdas de
una guitarra en los casos más habituales, y una computadora equipada
con el programa.
Lo interesante de este sistema consiste en no grabar propiamente un sonido,
sino la traducción a un código especial, que lo registra
como notas musicales, asignándole a cada una la duración,
volumen y altura (qué tan grave o aguda es). Así, es posible
reproducirlo en otro instrumento, manipularlo o escribirlo en una partitura.
En el estudio de grabación, la MIDI posee variados usos.
Por ejemplo, a través del sintetizador se puede grabar, canal por
canal, toda una orquesta, con el solo recurso de la interfaz y su capacidad
de ejecutar sonidos de diversos instrumentos.
Los últimos adelantos permiten además que un sonido grabado
por medio de un micrófono pueda ser re-interpretado a través
de cualquier otro instrumento, o bien, quedar registrado como partitura
musical. Actualmente, es posible grabar un set de tambores y después
hacer que las percusiones suenen como piano. Estos sonidos a su vez pueden
ser modificados total o parcialmente, lo que permite afinarlos, alterar
su rítmica o ponerlos en otra escala y viceversa; se puede tocar
una batería en un teclado, donde es posible alterar el sonido del
bombo, cambiar el tiempo, subirle el tono o el volumen, cambiar la ecualización,
incorporarle timbres de otro instrumento, etcétera.
A partir de la aparición de la MIDI, los músicos
líricos, que no saben notación musical, pueden silbar una
melodía y, a partir de ese sonido, elaborar una partitura correctamente
escrita, susceptible de ser interpretada por una flauta, un piano o un
violín. Editando, cortando y pegando sonidos es posible componer
una pieza sin ejecutar una sola nota, lo que dio lugar a la música
tecno, enteramente creada en los estudios de grabación.

Si bien la MIDI controla el sonido en cuanto partitura, es decir,
como nota musical, pudiendo modular su altura, intensidad y duración,
así como sus características tímbricas (aquello que
hace que un sonido pueda ser identificable como piano, violín u
otro instrumento), cuenta con otras funciones como es la cuantización,
es decir, poner dentro del ritmo los sonidos que, por error del ejecutante,
hayan quedado fuera del patrón; o la humanización, es decir,
introducir ligerísimas variaciones respecto de la norma, para que
el resultado no suene a máquina.
Un efecto interesante al respecto es el de los armonizadores, utilizados
originalmente para reproducir la voz del cantante en tonos más
arriba a fin de obtener el efecto de uno o varios acompañantes.
Este efecto que ubica y regula las melodías y las escalas según
parámetros de afinación estrictos, también se utiliza
para entonar a aquellos cantantes que por alguna razón pierden
su afinación. El resultado es que cualquiera puede ser hoy en día
cantante: los milagros del estudio consiguen que hasta el más desafinado
pueda "cantar las rancheras".

Se le llama mezcla al proceso de coordinación y ecualización
para que los sonidos se conviertan en lo que el autor y el productor desean
de un determinado tema musical.
La edición no lineal, característica de los sistemas digitales
en los que pueden abordarse diversos aspectos de un tema musical gráficamente,
facilita mucho la grabación y la creación de música
en varios sentidos. De esta manera, se aprovecha el hecho que la música,
arte de lo invisible por antonomasia, se nos presente de una forma visual,
puesto que puede ser graficada en una pantalla. En el monitor, cada detalle
puede ser analizado y amplificado hasta encontrar exactamente lo que se
pretende cortar, pegar o arreglar. Aprovechando la capacidad de grabar
a cada instrumento en un canal distinto, en la mezcla se pueden manipular
su tono, volumen, duración o ritmo, y es posible agregar efectos
especiales como el eco o la brillantez.

Lo que antes era imposible o requería una paciencia y un entrenamiento
importantes, ahora se hace de manera fácil y rápida, mediante
un cursor que selecciona diversos elementos, o más sofisticadamente,
a través de fórmulas matemáticas, pues hay que subrayar
que, para los sistemas digitales computarizados, música es igual
a información.

Una de las características más sobresalientes que se aprovecha
al utilizar equipos digitales, es la posibilidad de masterizar o dejar
la mezcla con el nivel de calidad y las condiciones requeridas para que
un CD sea producido en forma masiva.
Para ello, el sistema cuenta con una conexión que envía
la señal de audio a una grabadora de discos compactos, lo que permite
al artista salir del estudio con una copia maestra en formato universal,
la cual puede ser escuchada en cualquier reproductor de discos compactos.
Si nos remontamos a diez años atrás veremos que para un
artista era bastante complicado lograr lo anterior, como la tecnología
era muy costosa, tenía que depender de las grandes disqueras y
de sus enormes estudios de grabación. En la actualidad, gracias
al avance de la tecnología, es posible que cualquier músico
tenga un disco propio con una inversión relativamente baja, acudiendo
directamente y sin intermediarios a un estudio de grabación moderno.
El
proceso de masterización de un CD implica mucho cuidado,
ya que del resultado dependerán miles de copias que tendrán
que escucharse con óptima calidad, y para obtenerla se controlan
en la computadora todos los niveles de ecualización, compresión,
volumen, normalización de picos de audio y filtraje de ruidos por
software (gis, scrash, etc.) de manera que se obtenga un
master o copia maestra óptima, a partir del cual se realizan
las copias comerciales que vemos en las tiendas de discos con los estándares
de calidad actuales.
Existen varios programas que permiten pasar la mezcla ya realizada en
varios canales a los dos que se escuchan a través de un aparato
estéreo convencional.
Aunque todos los programas son capaces de cumplir en rasgos generales
con la totalidad de los procesos requeridos para la masterización,
los ingenieros de sonido suelen recurrir a más de uno, pues intentan
extraer las mejores funciones de cada marca en el mercado.
En general, la masterización implica una compresión, en
la cual se realza la presencia de todos los intérpretes y posteriormente,
se somete a un nuevo programa que quita todos los ruidos ajenos a la obra
que por alguna razón se han filtrado en los procesos anteriores.
Este proceso es la última oportunidad que tienen, artista y productor,
para verificar su material y darle los últimos toques a través
de efectos, como los ecos o el balance entre los canales del estéreo.
En caso de que aún sea necesario, estos programas de masterización
permiten de igual forma editar, analizar frecuencias y, dentro de un rango
razonable, cambiar el tiempo de duración de una obra sin alterar
su tono (la altura del sonido), lo cual era imposible cuando se utilizaba
el método analógico.
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