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 Hacia 1970 se inició
una nueva etapa en la actividad bancaria nacional, caracterizada por el creciente
uso de computadoras conectadas en red. En aquellos años se empezó a usar
una nueva herramienta de intercomunicación entre computadoras mediante el teléfono.
Se trataba del sistema audio-respuesta. Cuyos primeros ensayos se hicieron
en la rama militar donde, básicamente, se utilizó para consultas que podían relacionarse
con aplicaciones de tipo logístico, como movimiento de tropas y abastecimientos.
Algunas empresas de carácter comercial, sobretodo las compañías de aviación,
emplearon después este sistema para el control de sus inventarios. Los bancos
también comenzaron a hacer pruebas con él, siendo el Wells Fargo uno de
los primeros en adoptarlo. En
la banca mexicana, audio-respuesta fue un sistema de transmisión que hizo
posible la comunicación directa entre las sucursales y una computadora instalada
en la oficina central de un banco, haciendo uso de las líneas telefónicas. Esto
significó un gran avance, ya que las operaciones se hicieron más versátiles y
el tiempo requerido disminuyó. Para ese entonces las funciones computarizadas
eran en cuentas de ahorro y cheques (depósitos y cobro de cheques).
Isaac
Garalnik se ocupó de la instalación del sistema en la banca mexicana y lo describió
de la siguiente manera: "La forma en que funciona es a manera de los sistemas
manuales de consulta, en el sentido de que la persona que solicita datos se comunica
directamente por medio del teléfono al centro donde se le va a dar la información.
En el caso del sistema manual, cuando el empleado bancario utilizaba el teléfono,
se comunicaba a Prueba y Destino que era un sistema que otra persona
debía verificar. En audio-respuesta, la comunicación se hace a la computadora,
la cual, a través de equipo especial, contesta la llamada, la estabiliza, es decir,
la mantiene abierta, y va pasando la información que desde el modem externo teclea
la cajera. El modem es un tablero miniatura que no pesa más de 300 gr, y que facilita
la comunicación entre dos equipos". En la comunicación institucional se
informaba a los clientes: audio-respuesta dice adiós a la desagradable
espera de los clientes con prisa, elimina trámites de papeleo y responde precisa,
y fidedignamente, a una velocidad increíble". 
Como
parte de un desarrollo paralelo de la banca mexicana con relación a los Estados
Unidos, en 1969 llegaron las tarjetas de crédito, las cuales se apoyaban en los
primeros avances de la tecnología que, en ese momento, permitían el manejo de
información personal y administrativa de los clientes, en archivos secuenciales.
La única forma de identificar al usuario era a través de un número y con su firma.
La banda magnética de la tarjeta de crédito se incorporó 15 años después con la
llegada de los cajeros automáticos.
El Banco de Comercio, el más importante
de aquella época comunicaba, con orgullo, que en los primeros dos años (1969 y
1970) se consiguieron 65 mil clientes para sus tarjetas de crédito. La banca emitió
plásticos con el respaldo de las computadoras, que facilitaban el registro de
las operaciones. Los establecimientos debían checar por teléfono en el banco si
la transacción era posible. En 1970 había alrededor de 4 mil establecimientos
afiliados, en los cuales podían realizarse compras con las tarjetas de crédito.
En la actualidad existen alrededor de 150 mil redes de industrias, comercios y
servicios afiliados. El crecimiento en 30 años ha sido explosivo. En 1979
ocurrió un acontecimiento fundamental en materia de automatización, un logro que
permitió un avance dinámico de las actividades bancarias. Se implementó el sistema
On line, que permitió enlazar a un registro central todas las operaciones bancarias
de las principales ciudades de la República Mexicana. Significa que al momento
de hacer la operación se registra en un saldo o estado de cuenta. Esto es resultado
del desarrollo tecnológico y de las aplicaciones de cómputo que sistematizaban
el manejo de grandes bases de datos con una rapidez que en estos días no nos sorprendería,
pero para la época eran un gran adelanto, que consistía en el manejo de información
y operación en tiempo real en la ventana de servicio a los clientes. Con
el sistema On line se logró que al instante de la operación existiera un registro.
Los datos ordenados por el cajero quedaban impresos en una pantalla el tiempo
necesario para verificar los saldos y confirmar la validez de la operación. El
cliente se beneficiaba al recibir un servicio que permitía conocer su saldo en
el momento de acercarse a una ventanilla, sin esperar hasta 4 ó 5 días, como ocurría
en la década de los 60. La implantación de este sistema no fue una labor
fácil, los empleados bancarios tomaron cursos para adaptarse al nuevo modelo. Actualmente
se cuenta con sistemas de operación (compra y venta) de inversiones que ofrecen
servicios a los clientes bancarios (personas físicas o morales) en línea, que
permiten mover enormes cantidades de dinero a través del teléfono o de plataformas
electrónicas que, además de ser confiables, permiten optimizar tiempo y eficiencia
en un mercado tan volátil como el bursátil y el de las tasas de interés.
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